¿Qué es realmente aprender? ¿Cómo los maestros podemos enseñar a nuestros alumnos/as contenidos funcionales que les permitan desenvolverse en su vida cotidiana? ¿Cómo despertamos su curiosidad e interés? ¿Qué podemos hacer con los recursos de los cuales disponemos ?
Múltiples cuestiones que nos invaden cuando intentamos preparar y organizar nuestra clase.
Desde el inicio de la educación, son muchas las teorías psicológicas que han tratado de explicar el proceso de enseñanza-aprendizaje y, como consecuencia, han surgido múltiples y variadas estrategias de aprendizaje de acuerdo a las mismas, ampliamente empleadas a lo largo de los siglos.
Entre las más conocidas y a modo de resumen, el conductismo, cuyo máximo representante fue Skinner y Watson, postulaba que la conducta del individuo está simplemente sujeta a estímulo-respuesta. De hecho, los partidarios de esta teorías reducían su estudio a la conducta del sujeto, ya que era lo único que se podía observar de forma objetiva. De esta teorías, surgieron estrategias tales como el refuerzo y el castigo, que son utilizadas como recursos actualmente; pues se considera que si refuerzas el trabajo del niño, éste se esforzará en conseguir sus objetivos con objeto de recibir nuevamente tal refuerzo, independientemente del tipo que sea -material, social, emocional...-. En cambio, el castigo se ha observado que puede resultar contradictorio, ya que son muchos los niños/as que tratan de llamar la atención de los adultos a través de este método.
Por otro lado, más tarde, surge una corriente -el cognitivismo- que expone y enfatiza la necesidad de prestar atención a los procesos que tienen lugar dentro de la mente del sujeto, no observables, pero fundamentales para explicar por qué un sujeto se comporta de una determinada manera y cómo aprende.
Entre ellas el aprendizaje significativo (Ausubel), cuya teoría expone que el aprendizaje se produce a partir de la experiencia, conforme se aprende, se modifican los esquemas del conocimiento incorporando y relacionando los nuevos contenidos con aquello que ya se conoce y se ha adquirido.
De esta forma, deducimos que el docente debe considerar al estudiante como un sujeto activo, que aprende significativa, aprende a aprender; por sí mismo, con ayuda y guía del docente, debe ser capaz de protagonizar el proceso de E-A y descubrir y adquirir por sí mismos los contenidos que le corresponden según su edad. También, debe favorecer el aprendizaje cooperativo, interactivo y participativo, los alumnos/as deben adquirir un rol principal en el desarrollo de cada actividad, para ello es fundamental recurrir y responder a los intereses y motivaciones de cada uno.
Por otra parte y en estrecha relación con la teoría previamente propuesta del aprendizaje significativo, se encuentra la teoría humanista cuyo máximo representante fue Carl Rogers y Maslow. Esta teoría considera que el ser humano es el centro de todas las cosas, que tiene la capacidad necesaria para desarrollar sus potencialidades. Desde el punto de vista educativo, enfatiza la necesidad de promover el aprendizaje centrado en el alumno/a, proporcionando oportunidades de explorar y entrar en contacto con sus sentidos, autoconceptos y valores. También, debe valorar no sólo los contenidos instrumentales, sino también las emociones, motivaciones, gestos, intereses... De hecho, los primeros deben responder a los segundos, facilitando de esta forma el crecimiento y efectividad personal.
En definitiva, el docente debe ser capaz de reflexionar, valorar, encontrar, discutir y decidir aquella metodología didáctica que beneficia, ayuda, guía y apoya al alumnado en su proceso de enseñanza-aprendizaje. No tenemos que limitarnos al empleo de una, elijamos todo aquello que nos funciona, que responde a los intereses de los alumnos, que les motiva y sobre todo que les convierte en personas autónomas, protagonistas de su propio proceso de enseñanza-aprendizaje. Intentemos que cada uno desarrolle sus potencialidades, que la interacción y la coordinación sean aspectos sólidos y fundamentales en nuestra práctica. Probablemente, no será fácil, nos cueste días, semanas... pero no nos rindamos, tenemos en nuestras manos el futuro de nuestra sociedad.
Aquellos que nos apasiona la educación, tenemos el pequeño deseo que algún día, uno de nuestros alumnos/as nos recuerden como "aquello profesora... hizo que me gustase el colegio, me animó, me ayudo a descubrir todo lo que puedo y sé hacer, confíó en mis posibilidades...". Porque la enseñanza es algo más que aprender matemáticas, lengua, ciencias naturales o sociales.
Entre ellas el aprendizaje significativo (Ausubel), cuya teoría expone que el aprendizaje se produce a partir de la experiencia, conforme se aprende, se modifican los esquemas del conocimiento incorporando y relacionando los nuevos contenidos con aquello que ya se conoce y se ha adquirido.
De esta forma, deducimos que el docente debe considerar al estudiante como un sujeto activo, que aprende significativa, aprende a aprender; por sí mismo, con ayuda y guía del docente, debe ser capaz de protagonizar el proceso de E-A y descubrir y adquirir por sí mismos los contenidos que le corresponden según su edad. También, debe favorecer el aprendizaje cooperativo, interactivo y participativo, los alumnos/as deben adquirir un rol principal en el desarrollo de cada actividad, para ello es fundamental recurrir y responder a los intereses y motivaciones de cada uno.
Por otra parte y en estrecha relación con la teoría previamente propuesta del aprendizaje significativo, se encuentra la teoría humanista cuyo máximo representante fue Carl Rogers y Maslow. Esta teoría considera que el ser humano es el centro de todas las cosas, que tiene la capacidad necesaria para desarrollar sus potencialidades. Desde el punto de vista educativo, enfatiza la necesidad de promover el aprendizaje centrado en el alumno/a, proporcionando oportunidades de explorar y entrar en contacto con sus sentidos, autoconceptos y valores. También, debe valorar no sólo los contenidos instrumentales, sino también las emociones, motivaciones, gestos, intereses... De hecho, los primeros deben responder a los segundos, facilitando de esta forma el crecimiento y efectividad personal.
En definitiva, el docente debe ser capaz de reflexionar, valorar, encontrar, discutir y decidir aquella metodología didáctica que beneficia, ayuda, guía y apoya al alumnado en su proceso de enseñanza-aprendizaje. No tenemos que limitarnos al empleo de una, elijamos todo aquello que nos funciona, que responde a los intereses de los alumnos, que les motiva y sobre todo que les convierte en personas autónomas, protagonistas de su propio proceso de enseñanza-aprendizaje. Intentemos que cada uno desarrolle sus potencialidades, que la interacción y la coordinación sean aspectos sólidos y fundamentales en nuestra práctica. Probablemente, no será fácil, nos cueste días, semanas... pero no nos rindamos, tenemos en nuestras manos el futuro de nuestra sociedad.
Aquellos que nos apasiona la educación, tenemos el pequeño deseo que algún día, uno de nuestros alumnos/as nos recuerden como "aquello profesora... hizo que me gustase el colegio, me animó, me ayudo a descubrir todo lo que puedo y sé hacer, confíó en mis posibilidades...". Porque la enseñanza es algo más que aprender matemáticas, lengua, ciencias naturales o sociales.
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